Chanel, una de las marcas más prestigiosas del mundo, hace a sus dueños más ricos e invisibles

/ 4 octubre 2013

> El mundo de la moda, uno de los sectores más rentables

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En las pasarelas de modelos, lugar de encuentro entre personajes de la alta sociedad y famosos, nadie repara en los hombres trajeados que desaparecen rápidamente tras la finalización del evento. Así lo hacen los hermanos Wertheimer, que se ocultan tras la imagen del diseñador Karl Lagerfeld, un modisto que cumple perfectamente su papel como director creativo e imagen de la famosa firma.

Los hermanos dirigen el negocio que pertenece al clan Wertheimer desde 1924. Ya es la tercera generación a cargo de la casa de costura, han mantenido Chanel como empresa familiar. Chanel se encuentra a la cabeza del sector, gracias a la presentación de la nueva colección, la firma ha publicado en la París Bloomberg que su fortuna asciende a unos 14.000 millones de euros. Esta cifra les sitúa en uno de los primeros puestos de la industria.

La marcha Chanel es conocida internacionalmente y goza de una firme reputación como representante del lujo, de la elegancia y de la exclusividad. Esta fama la ha ido ganando a lo largo de su larga trayectoria comercial y de fabricación propia. Las modelos y Top Models que han desfilado para Chanel, son afortunadas por su belleza y naturalidad, aunque en ocasiones acudan a tratamientos estéticos como el lipolaser “”.

Gerard a sus 61 años vive en Ginebra desde donde dirige la división de relojes. Alan, de 64 preside la compañía desde Nueva York. Un imperio que empezó con el mítico perfume Chanel nº 5 cuando en 1924 su abuelo, dueño de una firma de cosméticos, se reunió con Gabrielle Coco Chanel y Théophile Bader dueño de las Galerías Lafayette en un hipódromo parisiense. En esa reunión nacieron los perfumes Chanel, una sociedad con porcentaje mayoritario de Wertheimer fundada para comercializar los perfumes de la casa de costura.

A partir de entonces empezó una larga historia de rivalidad y forcejeos entre el abuelo y la modista para lograr un mayor control de la empresa. Finalmente, Cocó claudicó y en 1954 vendió su firma a Wertheirmer en Nueva York. A cambio la familia acordó respetar su control creativo y cubrir todos sus gastos hasta su muerte, incluidos impuestos y sus facturas del Hotel Ritz de París.

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