‘Despertar de pesadilla’, opinión de Javier Astasio

/ 6 febrero 2015
Utilizo para despertarme cada mañana una radio sintonizada con el informativo que escucho desde hace décadas. El aparatito se conecta unos minutos antes de las ocho y últimamente, desde el lunes, lo hace con la voz de Rajoy, diciéndole a alguien, diciéndome a mí, diciendo a los oyentes, que todo va bien y que va a ir mucho mejor. Hoy, Rajoy en persona, en esos segundos en que paso del sueño a la realidad me ha dicho que han hecho tan bien las cosas como para bajarnos los impuestos desde el pasado mes de enero y para reorganizar las tablas del IRPF ¡Qué hermoso despertar! He estado a punto de creérmelo. Menos mal que aún quedaban unos minutos del informativo local, el que habla de las cosas más cercanas y en esos minutos he podido enterarme de que los jueces de instrucción de la Plaza de Castilla reconocen que son ciertas las quejas de los funcionarios, que protestan por la insalubridad de sus puestos de trabajo y porque no se cubren las bajas, lo que acaba desembocando en una carga de trabajo inasumible, con el consiguiente retraso en las causas que tramitan. Y no sólo eso, a continuación he escuchado a un responsable del Hospital Ramón y Cajal respondiendo a las enfermeras de urgencias del centro que habían presentado una demanda, probablemente en uno de los juzgados de la Plaza de Castilla, describiendo la falta de recursos y de personal que está sufriendo el departamento y que pone en riesgo la salud y la vida de los enfermos. La respuesta a la que aludo podría haberla dado el ex consejero de Sanidad, famoso por llegar comido y con ganas de gresca al cargo.
La “cuña”, que es como llamamos los que trabajamos en la radio a los anuncios, siguiendo la “moda” impuesta por Rajoy, va firmada con uno de esos eufemismos que tanto le gustan: “populares” Se ve que les da reparo usar su verdadero nombre, Partido Popular, tan denostado y, en los últimos tiempos, tan asociado a los juzgados por una corrupción que les permitía, entre otras cosas, invertir el botín de sus saqueos en campañas como esta que uno no sabe si son del gobierno o del partido, pero que, con el adoctrinamiento de los convencidos y  tratando de engañar a las almas inocentes aún dispuestas a creerles, pretenden marcar las diferencias con el resto de partidos, entrando en un limbo legal en el que sus anuncios no podrían considerarse, no sé si su importe, como campaña electoral, que estaría sometida a control.
Pero no es ésta la única campaña llevada a cabo por el partido que, en España, se identifica con la mayoría que gobierna Europa, que “elige” a la troika y que ha colocado a Mario Draghi, coautor de la tragedia griega, al frente del Banco Central Europeo. También consigue apoyos dese Bruselas, donde la Comisión Europea mejora las expectativas de crecimiento de España, en un momento en el que el paro sigue subiendo en nuestro país, sin destacar que lo único que las mejora es la bajada del precio del petróleo y que el paro seguirá creciendo, algo que Rajoy no ha tardado en colgar en su pecho como una medalla.
Y, simultáneamente, la misma comisión, dando muestra de su total desprecio por la democracia, pone en marcha la voladura controlada del gobierno griego y las ilusiones de los griegos, cerrando el grifo del crédito a los bancos helenos, para colapsar los planes de Syriza y, si es posible, de  paso provocar malestar y revueltas, dificultando el pago de la nómina de los funcionarios, aunque de momento, lo único que han conseguido ha sido un reforzamiento de la fe de los griegos en su gobierno expresada ayer tarde en una concentración, por primera vez sin alambradas ni antidisturbios, ante el Parlamento en Atenas.
Un gesto, los dos, mejor dicho, el de colocar la medalla en el pecho de Rajoy y el de segar la hierba bajo los pies de Tsipras, que, a mi modo de ver, tienen un único significado: el de sembrar de piedras el camino de Podemos en España o el de cualquier nueva izquierda en Europa para que la UE, el enorme chiringuito en que la derecha, ha transformado el sueño europeo, se transforme o cambie de manos.
Pesadillas al despertar, pesadillas que tengo por no haber perdido la costumbre de informarme desde que me levanto y, sobre todo, de no creerme todo lo que me cuentan.
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