‘Yago Lamela, y otros 3.000 suicidios más’: la opinión de @CarlosParedesP

/ 9 mayo 2014
Carlos Paredes (@CarlosParedesP)

[[[ Nota de aclaración del autor del artículo ‘Yago Lamela y 3000 suicidios más’, @CarlosParedesP ]]]

Escribo este artículo, con mucha pena, y con una dosis alta de frustración e indignación también , y antes de continuar, desde estas líneas, sólo expresar mis más sinceras condolencias a la familia y amigos de Yago Lamela, y al mundo del deporte, con la esperanza de que centre su mirada estos días en un problema que podemos padecer todos (también usted).

Lo que le ha pasado a Yago Lamela no es un caso aislado. El suicidio es la primera causa de muerte violenta en nuestro país. Sí, la primera. ¿Hasta cuándo seguirán ignorándolo las autoridades?

Todos los años se suicidan en España más de 3.000 personas. ¿Se imaginan un atentado terrorista o un accidente del tipo que sea que ocasionara 3.000 muertos? ¿Imaginan que el gobierno de este o cualquier país ignorara semejante atentado o accidente? ¿Y qué todos los años se produjera una carnicería semejante mientras se mira para otra parte?¿Imaginan que este u otro gobierno contestara que la cifra de muertos en atentados o accidentes está dentro de la media europea? (Como si eso resolviera algo). Pues ahora deje usted de imaginar y cambie las palabras «atentado» y «accidente» por la palabra «suicidio» y tendrá la realidad de la sociedad que estamos construyendo.

Los países desarrollados no necesitan cámaras de gas, basta con construir una sociedad que destruye a las personas desde dentro. Un sencillo experimento: Mire a su alrededor. o en el interior de sus recuerdos ¿No conoce o ha conocido a nadie que haya padecido al menos una vez en la vida depresión? para desgracia de todos, estoy seguro de que sí.

Las personas no somos máquinas, necesitamos sentirnos útiles, tener ilusiones, metas, y sentir afecto. No pretendo cuestionar el trabajo de los psiquiatras, pero sí poner el acento en todas aquellas personas (miles) que acuden con un problema de depresión al médico y reciben a cambio una pastilla que les deja «fuera de órbita» como solución a sus problemas. Un nicho de mercado creciente que demuestra cómo nuestra sociedad mercantiliza no sólo la enfermedad física sino incluso los problemas del alma.

Pueden criticarme por estas palabras si quieren, pero es más rentable recetar una pastilla, que tratar de comprender y ayudar a una persona con problemas de depresión. El resultado lo vemos en el Instituto Nacional de Estadística: más de 3.000 muertos al año.

No es sólo una cuestión cultural enraizada en esa educación judeocristiana que premia el sacrificio y la mortificación, el mal entendido «esfuerzo» por conseguir la cosas, es también un falso y mal individualismo que nos vendieron muy bien, en el que se nos hace directamente responsables de todos nuestros males, como si no existieran agentes externos que pudieran influir sobre nuestra vida y sobre los que nada podemos hacer.

La vida, siempre es más fácil cuando las personas se ayudan entre sí, sin embargo, se nos invita constantemente a competir los unos contra los otros, en un modelo social vendido a bombo y platillo en el que sólo cabe ser el mejor.

Ojalá alguien de entre esas personas que mandan, entendiera que la vida no son primas de riesgo , intereses, créditos y productividad, índices muchas veces artificiales empleados para controlar y organizar las vidas de las personas.

Lo más importante de la vida es, la vida en sí. Y lo demás, debería servir para mejorar esa vida, no para destruirla.

Hoy, 9 de Mayo de 2014, se habla de infarto sin especificar las causas del mismo.

El objetivo principal del artículo era señalar una realidad que parece pasar sin pena ni gloria ante nuestros ojos, y ante la que no parece haberse tomado ninguna medida por parte de las autoridades.

Escribo esta nota sin que medie petición de nadie, en un ejercicio de honestidad y responsabilidad, al conocer las novedades del caso, y con la misma pido las más humildes disculpas por la posible inexactitud en cuanto al caso concreto de Yago Lamela, que en ningún caso hace mejor ni más llevadera la tasa de suicidio en España, ni altera el resto de contenido del artículo.

Reiterar igualmente mi más sincero pésame a familia y amigos por una desgracia, que sin duda lo es, y que me apena profundamente.

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