El Real Madrid gana la Copa del Rey de baloncesto al Barça tras un final de infarto (76-77)

/ 9 febrero 2014

El duelo estelar más esperado, el Real Madrid-Barça, acabó en victoria blanca tras un encuentro con alternativas en el marcador pero con escasas ventajas para ambos equipos. El Barcelona se fue al descanso con un punto de ventaja. Los de Laso llegaron con 7 puntos en el tramo final, pero los azulgrana remontaron y llegaron a ponerse de 1 a falta de ocho segundos. El Madrid sin tiempos muertos y con la posesión. sergio ROdriguez se la jugó en una penetración pero bien cerrado por tres hombres del Barca, que tuvo que abrir a Llul que con apenas 2 segundos de juego y libre de marca se jugó el partido desde la línea de triple

El Madrid, campeón de Copa (Foto: ACB)

El Madrid, campeón de Copa (Foto: ACB)

Una canasta de Sergio Llull a una décima del final da el título al Real Madrid por 76-77 en un final antológico en el que el Barça había remontado adelantándose a 15 segundos del final. Esta final pasará a la historia de la Copa del Rey. Hacía 27 años que una final no terminaba con una diferencia de 1 punto

Los protagonistas tenían bien aprendida la lección. Tanto repetirse el uno al otro que iba a ser un partido igualado, que las diferencias serían cortas y que no había favorito, que ambos firmaron una especie de no agresión durante toda la primera mitad. El Barcelona llevó el partido a su terreno, un marcador bajo y juego trabado y lento parando la velocidad y los contrataques del Madrid, pero no supo hacerse con el marcador y el control del partido.

El 4-8 favorable al Real Madrid, tras el triple de Mirotic, 4 puntos, la máxima renta de cualquiera de los 2 equipos en 20 minutos de juego, que se fueron a los 45 minutos reales. En márgenes tan cortos, el marcador se mareaba entre cambios de alternativa o empates, muy constantes. El Barça miraba a los ojos de su juego interior desde el salto inicial. Tomic rompía la zona rival sin esfuerzo y Lorbek ejercía de escudero perfecto. Con 6 puntos de cada uno, el cuadro blaugrana empataba a 12 en el minuto 6.

El choque, todo lo que tenía de disputado y agresivo lo tenía también de espeso. La ausencia de dueño claro daba emoción, sí, pero la sensación común era de que ambos equipos estaban lejos de su techo y que el choque se podía romper a poco que cualquier de sus protagonistas encadenase varios instantes de lucidez. La de Oleson, con canasta sobre la bocina, le servía al menos a su equipo para acabar el primer cuarto mandando: 17-16.

El impulso de Abrines

El Chacho entraba en pista y amenazaba con volver a formar un polvorín en cuanto el balón llegase a sus manos, el Barca respondió con la entrada de Victor SAda para frenarn al base más en forma de Europa. No obstante, el del alley-oop a Slaughter en la primera jugada no salió de las suyas sino de Reyes. La jugada anunciaba cambios pero el partido, lejos de hacerlo, se volvió aún más trabado y lento.

Ni una concesión, ni un regalo, ni una canasta fácil. Más bien, ni una canasta. Así, en general. Contacto a contacto, falta a falta, tiro libre a tiro libre. Un bucle que alcanzó los 20 tiros libres en este cuarto para los dos equipos, que seguían con su particular carrera de relevos. Las dos canastas de Tomic (25-22, m.13) más bien parecieron oasis en un desierto en el que solo había lanzamientos desde el 4,60. Los madridistas, con Reyes bregando en la zona, le dieron la vuelta a la tortilla (28-31, m.16) antes de que, por fin, un par de destellos le dieran vida al partido.

Una vez, Abrines dijo que no, que él no quería ser Rudy, balear como él, con el que siempre habían comparado. Que él prefería ser Navarro. Quizá por ello eligió cambiar la elástica del anfitrión de la Copa por la blaugrana, lo que le costó el carrusel de silbidos del Martín Carpena. Alumno de un ídolo. Y rival de su némesis. Como en semifinales, el ruido le hizo meterse más en el partido, con 2 triples prácticamente seguidos, el último más propio de su referente Navarro, que se encargó de cerrar el cuarto con la máxima para su equipo en todo el partido: 42-38. Al descanso un Madrid bien defendido por el Barca sólo había conseguido 10 canastas en juego, y un acierto casi total desde los tiros libres.

Sin saberlo, Abrines, le había quitado el arnés al partido. De ahí, el choque se convirtió en un cuerpo a cuerpo igual de duro que cuando las faltas reinaban. Ya no había márgenes de seguridad, ni redes ni colchonetas. Y en lugar de pensar en no caer, cada conjunto pensó más en bien en arrojar al vacío a su rival.

Y el frenesí se apoderó de todo. 2+1 de Llull, respuesta de Tomic. Triple de Rudy y enceste de Borousis respondidos con otro triple de Huertas. Y, tras él, otro de Rudy. 47-49 (m.23). La locura. En ese momento, acababa de empezar el partido. Las canastas sucedían a los tiros libres y los gestos, a las faltas.

El de Rudy Fernández, en su momento más salvaje del partido, con grito en la mismísima cara de Papanikolaou tras su contraataque. Simbólico, duro, ganador. El de Huertas, tras echarse en la espalda a todo su equipo cuando el Barça amenazaba con navegar a la deriva. El brasileño también gritaba, pero él a sus compañeros, después de cada acierto -6 puntos seguidos-, después de cada emergencia salvada (53-53, m.27). Draper dio la réplica con otros 5 y entre Lorbek y Dorsey, antes y después de tangana, dejaron el escenario perfecto (59-60) para el cuarto final. ¿Nadie sabía aún que sería histórico?

La canasta de Llull

Dorsey había frenado el primer intento serio de escapada madridista (62-60, m.31) , aunque en la pista estaba un tal Nikola Mirotic, que, en plena carrera con Rudy Fernández –o Huertas, si ganaba el Barça- por el MVP Orange, decidió dar un zarpazo al premio, dar un zarpazo a la final, con unos minutos de locura que equivalieron a medio título.

Cuando el tiempo agonizaba y el grito del Martín Carpena le hizo mirar el reloj, el hijo del Monte Gorica anotó una canasta sobre la bocina. Ahí comenzó todo. Sergio Rodríguez le siguió con otros dos aciertos (64-68) y el propio Mirotic, tras un enorme tapón a Tomic, ponía la máxima a falta de dos minutos y medio (64-71) para acariciar la Copa del Rey.

Pero enfrente estaba el Barça. “Tengo por principio no aceptar nunca una derrota, de cualquier clase y sea quien sea quien me la inflige”, dijo una vez la exploradora Alexandra David-Néel. Ni para Navarro, ni para Nachbar la desventaja de 7 era insalvable. Un triple de Oleson y una canasta de Huertas obraban la heroica. El Barça se quedaba a solo 2 de su rival cuando el balón más quemaba (73-75). Tanto ardía que el Real Madrid perdió la bola y Oleson, cual Gomis en la final de 2009, se metió en la zona rival para anotar canasta y forzar el adicional. ¡Dentro! En un minuto y medio, el Barça había logrado lo más difícil.

Ni siquiera hubo tiempo para pensar. Sergio Rodríguez botó una y mil veces, qué más daba, buscando el error, el hueco, el pase, el tiro o lo que diablos fuera para llevarse una Copa. Sin más opciones, cuando la bocina final parecía teñir la Copa de blaugrana, Llull soltó un grito. El balón, cuál imán, voló de las manos desde Rodríguez. De Sergio a Sergio para ganar un título. Su tiro, escorado, a 6 metros y sin margen de error, hoy ya es historia. El de Herreros en Vitoria. El de Solozábal, el de Creus, el de Llull. El balón entró (76-77) y el Real Madrid enloqueció. Aún le quedó una décima al Barça para intentar cambiar aún más la historia con un alley –oop pero el toque leve de balón de Tomic se estrelló en el aro. El Real Madrid acababa de ganar la Copa.

Nikola Mirotic es el MVP Orange de la Copa del Rey con 17 puntos, 11 rebotes y 32 de valoración en la final, promediando 16,3, 6,3 y 22,3 respectivamente, en la fase final de Málaga.

Felipe Reyes se ha convertido en el jugador más valorado de la historia de las fases finales de la Copa del Rey al superar a Joe Arlauckas con 10 en la final de Málaga 2014.


(Fuente: Departamento de Comunicación ACB)

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