‘Susanita tiene un marrón’, opinión de Javier Astasio

/ 9 abril 2015
A decir verdad, el título de esta entrada lo escribí la misma noche en que Susana Díaz consiguió que su lista fuese la más votada en las pasadas elecciones andaluzas. Lejos de lo que tengo por costumbre, esa misma noche abrí una entrada en mi blog, busqué la foto que me pareció más adecuada, esbocé el primer párrafo y escribí, en mayúsculas como siempre, el título. A estas alturas, ya no recuerdo la foto y, vagamente, podría evocar las primeras líneas de la entrada, pero, de lo que estoy seguro es de que el título era este «Susanita tiene un marrón».
Debo confesar que me dejé llevar por los sesudos análisis, ahora dudo que fuesen desinteresados, de quienes, conforme avanzaba el escrutinio y tras remontar los socialistas sus decepcionantes primeros resultados calificaron de triunfo el mantenimiento de esos 47 escaños con los que, en 2012, Griñán no pudo gobernar en solitario, dejándose abrazar por Izquierda Unida, a la que, apenas tres años más tarde, su sucesora, Susana Díaz, puso las maletas en la puerta, dando fin a un periodo de gobierno durante el cual, en Andalucía, los rigores de la crisis fueron menos para los de abajo.
Mi primera mirada sobre los resultados fue otra, porque era evidente que, con esos cuarenta y siete escaños que no le dieron a Griñán el gobierno en solitario en el 2012, tampoco podría gobernar ahora.
Pero, como digo, me dejé llevar por los ingenieros del análisis político que pusieron en marcha su maquinaria y arrojaron su cálculo de estructuras basado en la resistencia de algunos materiales que concluyeron que el gobierno de Susana Díaz en solitario, si bien iba a ser inestable, resultaba, de momento, habitable.
Esos analistas comenzaron a explicar que, si bien el resto de partidos no le darían su apoyo pata la primera votación en la investidura, en una segunda, bastaría con que se abstuviesen para devolver a la presidenta las llaves del palacio de San Telmo. Ahora, la fecha de investidura se acerca y la primera premisa se cumple, porque la señora Díaz no va a tener más que los votos de su partido en la primera votación. Lo malo es que, de momento, tampoco tiene compañero de baile para la segunda votación, porque, aunque sería inimaginable el reencuentro, sólo con la abstención o los votos de Izquierda Unida no podría gobernar, y tiene difícil cualquier otra combinación, porque el maltrecho PP es su adversario natural y Podemos, ideológicamente más próximo, al menos eso creo, o Ciudadanos, a menos de dos meses de las municipales y autonómicas, no quieren salir en la foto permitiendo que uno de los partidos a los que responsabilizan de la crisis y todas sus consecuencias formen gobierno en Andalucía. De modo que, aunque Susana Díaz lo lograse, siempre tendría sobre sí la hipoteca de que una moción de censura sería posible.
Por eso Susana Díaz, Susanita, tiene un marrón, porque ambos, Podemos y Ciudadanos, le piden, le exigen, que sus antecesores en la presidencia, José Antonio Griñán y Manuel Chaves, renuncien a sus escaños en el Parlamento y a su aforamiento, dejando el paraguas del Supremo, para someterse a «los caprichos» de la juez Alaya.
Curioso dilema éste en que se ve la presidenta en funciones, porque, pese a toda la tinta que por una falsa apariencia de dignidad y honradez fingida por los partidos para perjudicar a los adversarios, nada ni nadie puede obligar a uno y otro a renunciar a los escaños y el fuero, porque los derechos de sufragio y elección, sólo se pierden como consecuencia de condenas y no todas, de modo que, ahora, el futuro de Susana Díaz y, por añadidura, el del gobierno andaluz, están, no solo en manos de Ciudadanos y Podemos, sino en las de Chaves y Griñán. Pero no sólo eso, porque, entre las condiciones exigidas, por ejemplo, por Podemos está el cambio radical que la formación del 15-M exige en la política de empleo,  vivienda y ante los desahucios a que se comprometa la presidenta. Y es una lástima que andemos enredados en lo que decidan hacer o no hacer dos ciudadanos, por muy Chaves y Griñán que sean, y no en la tragedia de los andaluces eternamente en paro o bajo la amenaza potencial o real de un desahucio.
Como diría, Miguel Ángel Aguilar, veremos. De momento, lo único claro es que aquellos resultados del 29 de marzo no son tan buenos como quisieron hacernos creer y que, por más que lo disimule, Susanita tiene un marrón.

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