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‘Fuera de la ley’, opinión de Javier Astasio Arbiza
Javier Astasio Arbiza / 17 diciembre 2013¿Nunca os habéis preguntado por qué los palcos de los estadios están tan llenos de políticos y empresarios los días de partido? Yo, a pesar de lo retórico de la pregunta, sí. Y no he tardado en contestarme que en el fútbol, y no sólo, sobre el césped se hacen trampas, muchas trampas.
Por ejemplo y sin ir más lejos ¿a nadie le extrañó la facilidad con que se hizo la operación que conllevó la recalificación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid ni el silencio cómplice de la oposición socialista ni la falta de interés de la mayor parte de la prensa en levantar la tapa de ese cubo de basura? Pues hubo una cosa y otra: silencio y falta de interés y yo tengo constancia, por ejemplo, de cómo quienes desde el PSOE criticaron el chanchullo se quedaron sin voz en la cadena de radio para la que entonces trabajaba, con la curiosidad añadida de que quien entonces tomaba decisiones en ella acabó encargándose de la comunicación del «ser superior».
Es sólo un ejemplo. De todos es sabido que colegios, fábricas, cárceles y cuarteles, construidos casi siempre en las afueras de las ciudades, acaban engullidos por ellas y convertidos en apetitosos bocados para la insaciable codicia de los especuladores. Por eso, quien tiene un club de fútbol, habitualmente cargado de deudas y con cuentas habitualmente oscuras, tiene un tesoro que en un momento dado puede dar lugar a importantes negocios inmobiliarios, siempre que se cuente con la complicidad de las autoridades competentes.
De eso sabemos en Madrid y Valencia, pero tal cosa no es lo único que apesta en el mundo del fútbol en España. Porque, qué decir de todos esos traspasos y fichajes escandalosamente caros y opacos, especialmente en España. Para mí que sirven para escamotear beneficios y para lavar dinero negro de vete tú a saber que negocios, además de que estoy seguro de que quienes pierden siempre en tan aparatosos fichajes son siempre los ciudadanos a través del patrimonio común que son los impuestos.
Acaba de ocurrir con el último gran fichaje del Barça, el del brasileño Neymar, cuyo contrato acaba de ser reclamado por el fiscal.
Seguro que también os preguntabais por qué se permite a los clubes de fútbol acumular deudas que multiplican por cien y por mil las que llevarían a ciudadanos de a pie, los normales y corrientes, a la cárcel o a multas millonarias. Pues nada, por más que la historia aparece de vez en cuando en los titulares de la prensa, a nadie parece interesarle liquidar esa deuda, tampoco en momentos tan graves como éste. Pues bien, ha tenido que ser la Comisión Europea, otra vez Europa, quien meta en estas cuentas las narices que, tan acostumbradas a la fetidez, no quieren meter las instituciones españolas.
Alguien me hizo ver hace tiempo que la Constitución y las leyes no rigen dentro de los estadios, que algunas agresiones que serían «de cárcel» en la calle, no se castigan sobre la hierba o que, en las gradas se consienten insultos y actitudes impensables fuera del estadio. Y tenía razón quien lo hizo, porque a la puerta de la mayoría de los estadios españoles debería figurar un remedo del que dicen que hay a las puertas del infierno, un lema que podría ser convertirse en algo así como «abandonad toda esperanza de justicia, porque este territorio queda fuera de la ley». Y si os queda alguna duda, recordad quien preside la Federación Española de Fútbol y sus modos y maneras.
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