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‘Remanente’, opinión de Javier Astasio
Javier Astasio Arbiza / 25 marzo 2015En este triste día, se hacen eco las crónicas del anuncio hecho ayer por la alcaldesa de Madrid de que el ayuntamiento que preside dispone de que, gracias a su gestión, dispone de un remanente de 369 millones de euros, con los que podrá emprender obras urgentes y amortizar una parte de los intereses la deuda, en la que su «queridísimo» antecesor, Alberto Ruiz Gallardón, dejo enfangada a la ciudad, añado yo.
Ese, el practicado por Ana Botella y una gran parte de los gestores de lo público, aquí y en todo el mundo, que reservan siempre una parte de los ingresos de aquello que administran en lanzar a última hora los fuegos de artificio con los que aturdir y entontecer a los votantes en las semanas previas a las elecciones en las que han de revalidar sus cargos.
Ana Botella ha hecho lo mismo que hacen algunas familias que pasan estrecheces todo el año para así poder hacer una innecesaria reforma de la cocina con la que presumir ante las amistades o, como reza la letra de «A felicidade», la hermosa canción de Jobim y Mores que abre «Orfeo negro», el magnífico retrato del carnaval de Río en la que se nos cuenta cómo como los cariocas soportan resignados a lo largo de todo el año la miseria y las privaciones que le permiten disfrutar o aparentar que disfrutan los tres días que dura la felicidad de la fiesta.
No me explico cómo esta mujer que no ha pasado estrecheces en su vida se permite tan hiriente gesto en una ciudad de aceras rotas y calzadas llenas de baches, con niños deficientemente alimentados y ancianos desasistidos, con autobuses que cada vez pasan con menos frecuencia, pero flamantes, como las marquesinas bajo las que se les espera, porque alguien cercano a ella, saca beneficio del cambio.
No sé cómo se atreve a hacer ese anuncio presumiendo de haber bajado los impuestos a ciudadanos para quienes, en su mayor parte, la bajada apenas supone unos euros, mientras los que pierden en la limpieza de sus calles, la conservación de los parques en los que pasan su jornada de parados, o las ayudas sociales suponen mucho más.
Es la consabida política economicista llevada a cabo por todas las administraciones de este partido que lleva veinte años sirviéndose bajo la mesa los pedazos más suculentos de la tarta y repartiendo a los «paganos» que somos todos nosotros, las migajas si es que reparten algo. Es la política que toma a la ciudadanía como una columna más del estadillo de sus cuentas, sin alma, sin necesidades y sin sentimientos, convertidos en parte de una división si de lo que se trata es de repartir miseria y de una multiplicación ciega e injusta, si de lo que se trata es de recoger impuestos.
Es esa política del que no pone cara ni vida a quienes administra y que es capaz de resumir sus cuatro años de gestión, salpicados de huelgas, de tragedias vividas desde la lejanía de un spa portugués, como la del Madrid Arena, de escándalos, de aire cada vez más sucio, de colas cada vez más largas, para poder comer, de enfermedades que creíamos olvidadas, de bibliotecas, instalaciones deportivas y conservatorios cerrados, en las consabidas columnas del debe t el haber, en las que aparece un remanente de 369 millones de euros, con los que rapar algunos baches, aligerar la deuda y, sobre todo, hacer campaña.
Mientras, los carroñeros, los nicolases y sus amigos, a chupar del bote.
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