‘Tinta contra la sangre’, opinión de Javier Astasio

/ 9 enero 2015
A cuarenta y ocho horas del sangriento asalto de la revista Charlie Hebdo, cuando parece que están a punto de ser detenidos sus fanáticos autores que acaban de tomar rehenes en una empresa cerca de París, comienzan a escucharse y a publicarse comentarios que hablan de las distintas sensibilidades culturales en torno a las religiones o de agravios como esas guerras preventivas en Afganistán o Irak que, para muchos, si no a justificar, vendrían a explicar comportamientos social e históricamente enfermos como el de esos hermanos que acabaron el miércoles con la vida de once personas.
Francia, a diferencia de Estados Unidos o de la misma España es un país laico, en el que hay libertad de culto y en el que, aunque la religión se enseña en las escuelas asociadas a las distintas confesiones, nunca figurará ni influirá en el currículum de ningún escolar  Pero nada impide a los imanes difundir sus enseñanzas en las numerosas mezquitas existentes en el territorio de la república. Nada, salvo las leyes, porque nada que no sea de todos puede imponerse a nadie, y las mismas leyes que garantizan los diferentes cultos, impiden la “evangelización” a mandobles, sea cual sea el dios que se imponga, del resto de ciudadanos.
Hay quien pone peros a la libertad de expresión que les ha costado la vida a los periodistas de Charlie Hebdo y a los dos policías. Hay quien dice que las caricaturas de Mahoma no eran sino una forma de provocación, como dando a entender que se había ofendido a los musulmanes y que precisamente en esa ofensa está el origen de la locura asesina de los hermanos Kouachi. Perder un sólo un instante en ello es caer en el vicio hipócrita de responsabilizar a las víctimas de las atrocidades que sufren. Sería lo mismo que atribuir al hecho de vestir un uniforme hacerse acreedor de las balas o las bombas de ETA o, en los casos de asesinatos machistas, añadir la coletilla de que la víctima estaba en trámites de separación o que tenía un amante.
Caer en ese tipo de reflexiones sería como poner una diana sobre el cómico Leo Bassi por hacer sorna de la religión católica con la exhibición de su iglesia paticana, explicando, que viene a ser lo mismo que justificando, cualquier cosa que pudiera sucederle. Nadie lo entenderíamos ¿verdad? pues eso vendría a ser lo mismo que lo ocurrido en París. La religión no se impone, como tampoco se debería exhibir y, si se exhibe, hay que soportar las críticas, incluso si estas llegan al escarnio, igual para todas las religiones y todas las instituciones, por cierto, de Charlie Hebdo.
Lo de la prepotencia de Estados Unidos y Europa en su política respecto al Próximo Oriente, que yo condeno como el primero, tampoco debería justificar nada. Los hermanos Kouachi “sufrieron” la conversión de un imán que les convirtió en combatientes contra los infieles, combatientes como los que asesinan, torturan y violan a fieles e infieles en Irak o Siria, a la búsqueda de un estado islámico medieval en el que se piensa más en el poder  terrenal y en la dominación que en el paraíso y en la caridad que presuntamente predican.
No es posible combatir las ideas con las armas. Por eso todos debemos ser Charlie Hebdo y defender hasta el final la libertad de expresión sin límites, salvo el de la ley, esa libertad, también nuestra, por la que murieron asesinados diez de sus trabajadores. Por eso debemos combatir la sangre con tinta 

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